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10 mejores canciones de Eurovisión del siglo XXI: El ranking pop

Del glitter de Loreen al rock de Måneskin, repasamos los himnos que convirtieron a Eurovisión en el epicentro del pop moderno.

Olvídate de los prejuicios de cuñado: Eurovisión ya no es ese festival casposo que veías con tu abuela mientras cenabas tortilla fría. En las últimas dos décadas, el certamen se ha transformado en la incubadora de hits más salvaje del planeta, un lugar donde el kitsch convive con producciones que ya querrían para sí los grandes nombres de la Billboard. Si buscas canciones que te hagan sentir que puedes conquistar el mundo con un ventilador dándote en la cara, has llegado al sitio correcto. He buceado entre cientos de candidaturas, desde baladas lacrimógenas hasta delirios metaleros, para traerte la crema de la crema. Esta lista no va de puntos ni de política geopolítica, va de esas canciones que se quedaron a vivir en nuestro cerebro y que, años después, seguimos pinchando en cada fiesta como si fuera la primera vez.

Nuestra selección: 10 mejores canciones de Eurovisión del siglo XXI: El ranking pop

1. Euphoria — Loreen

Es el estándar de oro. Si alguien te pregunta qué es Eurovisión hoy en día, le pones esta actuación. Loreen no solo ganó en 2012; cambió las reglas del juego para siempre. Con una estética minimalista y una producción de dance-pop sueco impecable, consiguió que el festival dejara de mirar al pasado para abrazar la modernidad de los clubes de Berlín. Es la canción perfecta para cuando necesitas una inyección de adrenalina pura y sentir que estás flotando en medio de una tormenta de nieve artificial. Todavía hoy, ese estribillo nos hace levantar los brazos por puro instinto.

2. Zitti e Buoni — Måneskin

Hacía falta que unos chavales romanos con pantalones de cuero y mucha actitud nos recordaran que el rock no estaba muerto, solo estaba de vacaciones en el festival. Måneskin trajo el peligro y el carisma sexual que le faltaba a la competición. Esta canción es ideal para esos momentos en los que estás harto de que te digan cómo tienes que ser. Sirve para caminar por la calle con paso firme, ignorando los comentarios ajenos. Es cruda, es ruidosa y demostró que en Eurovisión también se puede sudar y romper cuerdas de guitarra.

3. Dancing Lasha Tumbai — Verka Serduchka

Si no te gusta esta canción, probablemente no tengas pulso. Es el epítome del euro-trash elevado a la categoría de arte contemporáneo. Verka, con su estrella de papel albal en la cabeza y su traje plateado, nos regaló el himno definitivo para perder la vergüenza. Es el caos hecho música, un delirio políglota que funciona mejor que cualquier bebida energética. Úsala cuando la vida se ponga demasiado seria y necesites recordar que, a veces, gritar números en alemán sobre una base electrónica barata es la única respuesta lógica al absurdo existencial.

4. Amar pelos dois — Salvador Sobral

En medio de tanto fuego artificial, Salvador apareció con una canción que parecía sacada de un club de jazz de los años 50. Sin parafernalia, solo él y una melodía que te rompe el alma con delicadeza. Es la elección perfecta para esos domingos de lluvia en los que necesitas reconciliarte con el mundo. Sobral nos enseñó que la sencillez es el mayor de los lujos y que, a veces, un susurro llega mucho más lejos que un grito. Una joya atemporal que demuestra que el festival también tiene espacio para la honestidad emocional más pura.

5. Soldi — Mahmood

El pop urbano italiano llegó para quedarse con este tema que mezcla trap, R&B y sonidos árabes de una forma magistral. Las palmas del estribillo son ya historia de la música europea. Es la canción ideal para escuchar con cascos mientras atraviesas la ciudad de noche, sintiéndote el protagonista de una película de autor. No es solo un ritmo pegadizo; hay una historia real de abandono y resentimiento detrás que le da una profundidad que rara vez vemos en el certamen. Mahmood demostró que se puede ser cool, comercial y profundo al mismo tiempo.

6. Hard Rock Hallelujah — Lordi

Finlandia envió a unos monstruos de látex a un concurso de canciones pop y, contra todo pronóstico, arrasaron. Fue el mayor ‘zasca’ en toda la boca de la historia de Eurovisión. Esta canción es el chute de energía que necesitas para enfrentarte a un lunes de oficina o a una sesión intensa de gimnasio. Es heavy metal apto para todos los públicos, divertido, teatral y ridículamente pegadizo. Lordi rompió el techo de cristal de los géneros musicales en el festival, recordándonos que el espectáculo también puede ser oscuro, ruidoso y maravillosamente feo.

7. Cha Cha Cha — Käärijä

El fenómeno finlandés de 2023 es una montaña rusa de emociones. Empieza como un tema de metal industrial agresivo y termina como un estallido de pop chicle hiperactivo. Es la banda sonora perfecta para ese momento de la noche en el que decides que ya no te importa nada y solo quieres bailar hasta que te duelan los pies. Käärijä capturó la esencia del festival: libertad total, un poco de locura y un carisma que traspasa la pantalla. Es imposible escucharla y no querer unirte a su baile desquiciado en una caja de madera.

8. Fairytale — Alexander Rybak

Hubo un tiempo en 2009 en el que no podías encender la radio sin escuchar ese violín. Rybak trajo una mezcla de folklore noruego y pop adolescente que resultó ser una fórmula imbatible. Es una canción que destila optimismo y ese primer amor que te vuelve un poco loco. Si tienes un día gris, ponla y deja que la energía del violín haga el trabajo sucio por ti. Tiene esa magia de las canciones que parecen sencillas pero que están diseñadas con precisión de cirujano para quedarse pegadas en tu hipotálamo durante décadas.

9. Rise Like a Phoenix — Conchita Wurst

Más allá del impacto visual y el mensaje político de tolerancia, estamos ante una balada con una fuerza dramática que ríete tú de las bandas sonoras de James Bond. Conchita Wurst entregó una interpretación vocal prodigiosa que te pone los pelos de punta. Es el himno definitivo de superación personal. Ponla a todo volumen cuando necesites recordar que, por muy hundido que estés, siempre puedes renacer de tus cenizas con más fuerza y un mejor vestuario. Es épica pura servida en bandeja de plata.

10. 1944 — Jamala

Eurovisión también sabe ponerse serio y doler. Jamala llevó una historia familiar de deportación y tragedia a un escenario lleno de luces LED, y el resultado fue sobrecogedor. Con un sonido electrónico oscuro y un lamento vocal que te atraviesa el pecho, esta canción es para esos momentos de introspección donde el peso de la historia se hace presente. No es una canción para bailar, es una canción para escuchar con los ojos cerrados y entender que la música es, por encima de todo, la voz de los que no pueden hablar.

Tu próxima playlist empieza aquí

Al final, Eurovisión es el único lugar donde un monstruo de metal y una balada de jazz pueden compartir mesa y tener sentido. La música no va a solucionar tus dramas personales, pero te aseguro que se llevan mucho mejor con un buen estribillo de fondo. Dale al play y deja que el glitter haga el resto.

Géneros, estados de ánimo y momentos perfectos para esta lista

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